Muerto y enterrado el Muro de Berlín junto con la diferencia de sistemas económicos que dividía, nos queda claro que el sistema comunista de trabajar para el estado, que este capitalice los bienes de las empresas y nos de una pequeña parte, además de una amplia red de beneficios sociales para subsistir, no es el mejor de los sistemas.
Nos quedó un capitalismo ideal para desarrollar territorios deteriorados, como era el caso de la Europa de postguerra e incluso unos EUA jóvenes deseosos de actividad industrial tras una larga crisis comenzada en 1929.
España siempre ha abrazado con cariño el sistema de libre mercado, exceptuando las empresas estatales y la corta revolución de la Segunda República del 34, hasta llegar al colapso actual en que hemos construido unas viviendas que no tienen demanda, en las que han trabajado un tanto por ciento muy elevado de la población y en el que para colmo los pocos deseosos de acceder a un piso de protección no pueden pagarlo por sus elevados precios o no les conceden los préstamos requeridos.
En general no funciona nada por mucho que no se pueda decir en público, los bancos tienen unos agujeros de capital que se comen todo el dinero que podrían destinar a las empresas y a los pequeños consumidores. El gobierno ha creado unas obras destinadas a arreglar cosas que en la mayoría de los casos no eran necesarias arreglar, como si derribaran una montaña para volver a levantarla, con el objeto de dar trabajo a unos cuantos parados y maquillar las cifras de desempleo.
Se degradan sensacionales zonas turísticas como la Manga del mar menor por el bien de las empresas constructoras o el turismo que genera economía, y se criminaliza al pobre ecologista que lo denuncia.
Barack Obama anuncia que mandará más tropas para la guerra de Afganistán, como es normal la industria armamentística también ha de tener su guerra, pues genera mucho trabajo y economía, aunque deje unos muertos por el camino, los denominados daños colaterales.
Todo ello lleva a pensar que no todo es lícito en pos del buen funcionamiento del mercado, con lo cual la conclusión es que el capitalismo no es un buen sistema el problema es que por ahora es el menos malo, eso sin hablar del tema Gürtel, Felix Millet o los comisionarios trabajadores de banca que por su ambición colocaron paquetes tóxicos a los inversionistas de todo el mundo.
Xavier Borrell






